Wednesday, 8 December 2010

Alfies Antique Market

Ocurre con las ciudades como con los sueños:
todo lo imaginable puede ser soñado 
pero hasta el sueño más inesperado
es un acertijo que esconde un deseo, 
o bien su inversa, un miedo. 
Las ciudades, como los sueños, están construidas 
de deseos y de miedos, 
aunque el hilo de su discurso sea secreto, 
sus reglas absurdas, sus perspectivas engañosas, 
y toda cosa esconda otra.

Italo Calvino


Hace unos años cuando todavía vivía en Caracas, recuerdo el momento en que la ciudad comenzó a hacerse terriblemente pequeña, predecible, asfixiante y aburrida. No fue una sensación que surgió de la noche a la mañana, no. Fue un virulento in-crescendo, hasta ese día en que fue como verla desde arriba, como la cabeza de un alfiler, y entonces sentencié: -Quiero vivir en una ciudad que nunca se me acabe, que nunca se me descubra enteramente, que sea tan grande y laberíntica que siempre tenga yo un lugar nuevo por explorar. Quiero vivir en una ciudad despierta que siempre cambie y se reinvente, y donde yo pueda perderme y no me aburran sus calles-.
Tal fue el poder de mi sentencia que vine a parar a Londres,  más pequeña que Caracas tal vez pero con 7 millones de mentes y de corazones latiendo.
Perderme fue fácil y lo sigue siendo. Descubrirla entera es imposible, como lo es aburrirme de ella.
Tal vez por eso es tan fácil amarla como detestarla. Como en las historias de amor. Quisieras poseerla, pero también sabes que es mejor así, es mejor no poder abrazarla nunca entera. Es mejor que guarde sus misterios, y que sea hostil a veces, indescifrable, hormonal y difícil.
Así pues sucede en ciudades como ésta que un día, en una zona en la que has estado cien veces, un amigo te lleva al final de una calle poco glamorosa (que hospeda un mercadillo de poca monta, de esos donde encuentras carteras de semi-cuero Louis Tritón y productos electrónicos Sonyo) para revelarte la existencia de un edificio de fachada art-deco, en cuyas entrañas late el más grande mercado de antiguedades y objetos retro-vintage de todo tipo.
Un laberinto de muebles, joyas, pinturas, vajillas, objetos y ropa, de cuatro pisos, que es imposible explorar exhaustivamente en una sola visita.
Los personajes que habitan los pasillos no son menos sorprendentes. Es obvio que van acorde al resto, el modo en que se peinan, visten, la manera que tienen de pasar las horas allí dentro cuando no están negociando para vender algo... es un salto hacia el pasado o hacia un sin-tiempo muy peculiar.
El edificio que antes era una tienda por departamentos en decadencia, comenzó a ser lo que es hoy en día en 1976, gracias a un hombre llamado Bennie Gray, su propietario. El padre de éste se llamaba Alfies, un músico de jazz que de antiguedades nunca supo nada, pero en cuyo honor Bennie decidió nombrar el edificio: Alfies Antique Market.
Sueño con volver con un casco puesto en la cabeza con una cámara oculta incorporada, que pueda girar 360º y que filme o registre silenciosamente la vida que transcurre allí dentro, con sus personajes que seguramente comen y usan los servicios como cualquier persona normal, pero que de noche al cerrar los ojos viven en la próxima peli de Terry Gylliam.

Thursday, 25 November 2010

La entrevista, el trabajo, el período de prueba

"Alice, you cannot live your life to please others.
The choice must be yours; 
because when you step out to face that creature,
you will step out alone"

The White Queen


Convertirnos en adultos, comportarnos como tales, ser maduros o almenos pretender que lo intentamos... crecer, y entender que tenemos que escoger, que tenemos que tomar decisiones, que nuestra vida como vaya o como venga, depende de esas decisiones... que nadie puede vivir el miedo por nosotros, o exonerarnos de él. Cuando llega la hora, es sólo nuestro, y con ese monstruo sólo nosotros podemos lidiar, nadie más.
Desde niña me preguntaba si todos sentían miedo a lo desconocido, a lo nuevo, o era sólo yo la que sentía tenazas en el estómago en esos momentos. Culpaba a mis padres, por no haberme forjado más valiente, más intrépida y resuelta. Me culpaba a mí misma, por no tener suficiente temple y agallas y todo eso que se necesita para ser héroes, puntas de lanza, tiburones.
Siempre pensé que no podía ser normal sentir miedo ante cada cambio o ante cualquier situación en la que tuviésemos que enfrentarnos solos a resolver algo. Luego gracias a muchos dibujos animados y a muchos libros creo que me convencí que no era negociable y que a todos por igual nos tocaba pasar por momentos cruciales en los que hay que tragar, cerrar los puños y avanzar, con ojos cerrados o abiertos, pero avanzar temblorosos.
Una vez que lo hemos vencido y nos encontramos en pie y en una sóla pieza,  nos entra -íntima e individual- una sensación incomparable de relajación y de tranquilidad; sentimos que el aire de nuevo llega a los pulmones, que la mirada nos cambia, que podemos caminar normalmente y no duros como si lleváramos una armadura a cuestas.

La vida por alguna razón me pone siempre en situaciones totalmente desconocidas, nuevas de toda novedad, en las que las herramientas de mi cestita, adquiridas a través de los años, no sirven. Tengo que entonces aprender a usar otras, nuevas, algunas que nisiquiera sabía que existían, usar también de mi cerebro sus propias herramientas, utilizar la capacidad que tengo para sobrevivir, para crear, para armonizar, para resolver.
Es un desafío cada vez, y cada vez pienso que no lo voy a lograr. Me veo como Alicia, pensando rápido ante el dragón diez cosas imposibles que demostraron no serlo, para convencerme de que no hay nada imposible a menos que yo lo crea.
A pesar de que he hecho muchas cosas que me han demostrado de sobra que soy valiente, cada vez yo me pregunto por qué los nervios. Por qué la duda.
Pero también pienso que el universo es un misterio insondable y perfecto.
Que me va llevando, de la mano o a empujoncitos, donde debo estar cada vez.
Que puedo no entender cómo ni por qué, pero tengo que creer que así debe ser.
Sólo cuando me dan los nervios reconozco el desafío, y entiendo que lo necesito para crecer.
Otras vidas son más apacibles y fáciles, pero la mía es así.
Hoy es el Día de Acción de Gracias, y yo quiero agradecer una vez más por las cosas que me suceden, aunque poco es lo que entiendo, pero voy aprendiendo cada día más. También aprendo a desaprender.
No sé si soy adulta o emocionalmente madura. Pero estoy agradecida.

Monday, 22 November 2010

Dolce Far Niente

 (...) Es decir, has de esperarla a cada instante,
suele anunciarse de improviso ante los ojos,
Lisboa se oculta, retorna, va contigo;
hay un jirón de su crepúsculo en la sombra
de quien cruzó una vez sus calles
que lo va acompañando por el mundo
y se aleja con pasos desconocidos.

Eugenio Montejo
(Lisboa)



Para poder recuperarme decidí ir al reencuentro del Atlántico y del Tajo, y a verme con Lisboa, la ciudad del eterno retorno.
Pretendía ser una semana de lo que se llama Il Dolce Far Niente, sin planes, sin mapa, sin relojes y sin internet. Un total desafío, aunque no lo parezca.
Cuán difícil es entrenarse en esa disciplina: la dulce actitud contemplativa.
Es asombroso, almenos para mí, que vengo de una familia donde la Cigarra nunca fue bien vista y la cultura de la Hormiga era la justa y la respetable, darme cuenta cuánto me cuesta el merecer ser feliz haciendo lo que más me gusta: perdiendo el tiempo. Hay muchas formas de perderlo, la mía es la de observar y pensar inútilmente. Observarlo todo con detenimiento y pensar con pensamientos, pensar con imágenes, pensar con nubes que se mueven y cambian. Pensar con movimientos perpetuos y con inmovilidad permanente.
A pesar de lo sencillo que es acostumbrarse a lo bueno, no es fácil vivirlo sin que una vocecita lejana interior nos atormente con la pregunta del mañana o del más tarde. Despertar con la sóla preocupación  de decidir el contenido del desayuno es maravilloso. Lograrlo es heroico.
Ah! quedarse quietos en el dolce-far-niente, ese maravilloso lugar donde seguramente viven los millonarios; donde no hay culpas y no hay prisas; donde no hay que ser, hacer, competir, justificar, o explicar o estar informados o tener un título o definirse de alguna manera...
De eso se trataba el viaje: de un entrenamiento en vivir el momento.
Nuestra vida cotidiana está tan impregnada de horarios y de rendimiento y de prisa, de cosas por hacer, de lugares por visitar, de libros por leer, de películas por ver, que estar quietos en un mismo lugar tomando sólo una -o varias- tazas de café o de té sin otra obligación que la de observar y vivir ese momento en la totalidad, por más absurdo que parezca, se convierte en una tarea casi imposible.
Estamos allí tomándonos el café, pero ya estamos planeando lo que deberíamos hacer en las próximas horas para aprovechar el día, para tener muchas emociones nuevas, y conocimiento nuevo, y para no perdernos de esto o de aquello.
Es como si el estar allí descansando o mirando la gente pasar no nos estuviese permitido por más de un número razonable de minutos. Luego hay que volverse a cansar, porque no se puede estar descansando mucho tiempo. Es decir, no se puede estar descansando si no se está cansados.
Es como si tuviésemos que merecernos ese momento con sacrificio y sudor, con 'trabajo', por decirlo de alguna manera.
Eso es lo que vine a desaprender. Vine a merecerme el no hacer nada, sin vergüenza y sin culpa.
Vine a detenerme, para agradecer, para estar en este aquí y ahora, sin mayor preocupación que la de ser feliz mirando el Tajo y preguntándome cuál será el nombre portugués de esos pequeños pájaros como golondrinas que cruzan el cielo al atardecer.

A parte de esto, respirar a Lisboa en Noviembre es algo que debe ser vivido.
El olor de castañas rostizadas sobre carbones ardiendo que impregna el aire; el olor de río en la Baixa; también olor de aire con sal, y olor de sardinas. En la Alfama, a la hora de la cena, desde las ventanas el olor de guiso casero de la abuela, y también de leña quemándose en las chimeneas. Pero también olor de panadería, de fruta en guacal, de abasto.
Caminar por las calles del Barrio Alto y de la Alfama es entender de donde le viene al venezolano su amor por el pan y por el pollo en brasa, es entender de dónde vienen nuestros abastos y nuestras luncherías. Es entenderlo casi todo.
Yo me pregunto constantemente si el lisboeta está consciente de la belleza de su ciudad.
Porque ver el tranvía que sube o baja por esas mágicas y estrechas calles de piedra y no sentir un sobrecogimiento casi mortal es imposible.
Lisboa es como salida del Imaginario del Doctor Parnassus, total e indescriptiblemente. Cada vez que se escucha o entrevé el polifemo amarillo y su silbido, guiado por una trayectoria imposible de hilos y por las líneas de rieles centenarios, el corazón dá un salto. Subirse en él y adentrarse cuesta arriba en las colinas de la ciudad es como arriesgarse a no volver nunca más a la realidad. Y esto ocurre siempre, no importa cuántas veces se haga o se vuelva a Lisboa.
Seguramente un portugués diría que la crisis que los agobia hace ver gris y triste el más amarillo de los tranvías; que las ratas que salen orondas por las callejuelas de la Alfama son todo menos que encantadas, y que él cambiaría un viejo apartamento del Barrio Alto por uno confortable en 'Nova Iorque' o en cualquier otra ciudad más 'moderna', o más próspera.
Yo sin embargo, podría vivir feliz, y por eso vuelvo cada vez que puedo, a inventarme una vida portuguesa hecha de breves cotidianos, que mientras duran son permanentes.

Thursday, 11 November 2010

Mutare



 Como era de esperarse, me enfermé. Y no sólo por el cambio de estación, aunque quedó en perfecta coincidencia como para atribuirle al Otoño toda la culpa.
Las mudanzas, las anunciadas y las repentinas, siempre ocasionan en nuestro cuerpo  un sismo.
El cuerpo con todo ese perolero de precisión que lleva dentro, está conectadísimo con nuestra mente. Ese cableado interno que tenemos rojo y azul no debe ser gratuito, claro que no, y va directo a la pensadora.
El cuerpo también quiere mudar. Es como si nos dijera regañándonos: -a mí también me vas a renovar, vas a ver cómo me voy a limpiar todito, con anticuerpos nuevos y todo voy a salir, lo quieras tú o no-.
Nunca sabré si es que las gripes desde este lado del mundo son así siempre, kafkianas,  turbulentas, perturbadoras o es la edad la que ha debilitado a los anticuerpos. De mis años tropicales no recuerdo nunca una gripe que me durara más de tres días. En el peor de los casos daba una fiebrecita y uno tomaba Atamel tres o cuatro veces y listo.  Eso de gastar 4 rollos de papel toilet en mocos y quedarse en cama momificada era impensable.
Supongo que es esa la manera que el cuerpo tiene de llorar y de llamar la atención; de recordarnos que es una máquina perfecta, sí, y resistentísima, pero que necesita cuidados, mantenimiento, observación; y que es parte del todo; todo lo que sucede en nuestra cabeza, en nuestra casa, en nuestra vida, sucede también en nuestro cuerpo.
Como consecuencia del apocalipsis nasal que estoy viviendo entre otros malestares, he perdido el sentido del gusto. No me había ocurrido en años, y había olvidado lo terrible que era. Es realmente casi como perderle el gusto a la vida. Pensar que será igual llevarme a la boca un pedazo de pan, o una hoja de lechuga o una esponja, y que untar la preciosa confitura de fresas será un desperdicio, me han dejado el alma y la cocina tristísimas.
Cuántas cosas nos hacen afortunados y no lo sabemos.
El gusto es una de ellas.
Ahora espero que vuelva como un amante.
Prometo beber el jugo de manzana lentamente, detenerme en su dulzura, deglutir agradecida.
Demasiadas cosas damos por hecho en nuestra vida. Hay que estar alerta siempre, para realmente vivir en el instante.



(En la foto El Sueño de Frida, también conocido como La Cama, de 1940)

Wednesday, 10 November 2010

The Bucket List

Delirio.
Del latín De-Lirare
que significa salir del surco
al labrar la tierra.


Uno de los pensamientos que solemos tener cuando la vida decide algo por nosotros sin consultarnos, es ese de creer que será un buen momento para reconsiderarlo todo. Para replantearnos la vida, las pasiones que tenemos en stand-by, y desenpolvar la lista de todas aquellas cosas que siempre hemos querido hacer y que no hemos hecho por falta de tiempo.
La verdad es que de todos los obstáculos posibles, el Tiempo seguro es el que menor peso ha tenido en esa postergación. Almenos en nuestra vida sin hijos y sin perro o gato que dependa de nosotros.
La verdadera verdad es que no hemos hecho muchas de esas cosas por falta de dinero y de guáramo resoluto. La inmediatez de la vida y sus urgencias impostergables no nos han permitido nunca dar giros muy radicales, o tomar semanas, meses o años sabáticos para hacer esas cosas. Las semanas detox en la India, el mes de silencio entre los monjes cartujos o trapenses, el viaje al Tibet de un año.
Morgan Freeman no hubiera podido nunca tachar todos y cada uno de los deseos de su lista de no haber sido por la fortuna de Jack Nicholson. Hablo de la peli The Bucket List, donde los dos actores, enfermos terminales, deciden emprender un viaje alrededor del mundo con el fin de realizar, antes de que la Muerte los alcance, todos y cada uno de los deseos incumplidos y 'pendientes' en la vida.
No estoy diciendo con esto que quiero que me quede un año de vida para proponerme materializar mis deseos -los delirantes y los no tanto- ni tampoco que necesito a un Jack Nicholson multimillonario para que puedan llegar a ser realizados.
Tal vez lo que quiero decirme es justamente todo lo contrario, que esa lista hay que tenerla, y  bien presente, para ir tachando al ritmo que sea posible, en el orden que sea posible, los sueños vividos en esta realidad, desde este lado de la realidad. Sin prisas y sin fechas límites.
Hoy sentada en mi Coffee Shop preferido, frente a una taza de cappuccino con corazón, elaborè la mía.






Monday, 8 November 2010

Los Lunes al Sol y otras historias desde el desempleo (creo que continuará)

None are so hopelessly enslaved
as those who falsely believe they are free
Goethe


Los lunes vistos desde el desempleo son fascinantes. Traen consigo esa mezcla del placer irresponsable de la falsa libertad, y la ansiedad galopante de la incógnita. Hay que caminar sobre la cuerda floja teniendo cuidado que  la vara del equilibrio no se nos vaya mucho ni para un lado ni para el otro. Si nos dejamos llevar por la embriagadora sensación del tiempo libre, puede volar una entera mañana casi tan rápido como un pestañeo, al menos para la que aquí escribe, sólo mirando a través de la ventana o haciendo collares de palabras, totalmente inútiles para pagar el alquiler, comprar comida y entregar nuestra cuota de contribución ciudadana al Estado.
Si nos convertimos en Missis Anxiety y montamos ese caballo sin tener cuidado, podremos desnucarnos y peor aún, quedar paralíticas o parapléjicas, y de nuevo inútiles para pagar el alquiler, comprar comida y entregar nuestra cuota de contribución ciudadana al Estado.
Si contamos con el infortunio (pero depende de cómo se vea esto) de pasar por períodos de insomnio, nuestras 24 horas parecerán más largas, nuestro día empezará a tener forma consciente desde las 3 o 4 de la mañana, es decir que cuando sean las 7 y comencemos a escuchar los pasos de los vecinos de arriba, ya tendremos unas 3 horas de ventaja (o desventaja) dándole a la pensadora y afinando nuestra habilidad de equilibristas.
Delante de nuestra ventana no dejan de pasar imágenes de Javier Bardem en Los Lunes al Sol junto con alguno de sus amigos deprimidos y suicidas, o de J.K. Rowling en el tren desde Manchester hacia Londres, y también de Bill Murray en El Día de la Marmota.
Pero al ser este apenas nuestro segundo Lunes al Sol (a pesar de los 6ºC y de la cortina de agua con vientos huracanados) no es muy difícil conectarnos con un pollo al vino para el almuerzo, que se cocina lentamente desde hace un par de horas, la lectura de almenos uno de los cuatro libros que tenemos pendientes en la biblioteca, y la última peli de Viggo Mortensen para la tarde, con cotufas rostizadas en aceite de maní para que el delirio de felicidad sea completo.
La culpa, el síndrome de eficiencia, y los miedos acosantes, deberán esperar un poco más tras la puerta (he tenido que pasar doble cerrojo claro), supongo que terminarán por colarse dentro la casa antes del tiempo deseado, pero para eso ya Scarlett O'Hara patentó la célebre frase "I can't think about that right now. If I do, I'll go crazy. I'll think about that tomorrow".

Friday, 5 November 2010

El Silencio no existe

"Mamma, l'acqua canta!"
(Mi sobrino a su madre -mi hermana-
en la bañera, cuando tenía 4 años)


En las noches de insomnio me ha dado por escuchar obsesivamente cuaquier sonido posible a mi alrededor. Mi abuela siempre decía que las horas oscuras eran terribles para quienes no dormían, porque todo se magnificaba. 
El tiempo, los problemas, los sonidos.


Oh! Si almenos fuese como el acordeón
que respirando
produce música

mis pulmones son crisálidas sordas

me he preguntado si tendremos todos nuestra propia musicalidad
bien sea en nuestra voz o porque caminamos con algún ritmo al golpear nuestros tacones contra el suelo o porque silbamos en silencio alguna melodía que sólo nosotros reconocemos

en las horas oscuras he buscado el canto de las olas pequeñas 
al llegar a la orilla
esas que anuncian que deben marcharse de nuevo
repitiéndose por la eternidad
sin ser nunca una igual a la anterior

me he dado cuenta que las hojas caídas también cantan
y no sólo al ser pisadas
el Viento las hace sonar unas contra otras,
como cáscaras vacías

El Viento,
que es una violenta marea en Otoño
que hace llorar a las hojas
aún asidas a sus ramas
A veces las hace gritar
en las horas oscuras
porque cree o sabe que nadie se dará cuenta
Viene a llevárselas
a arrancarlas
como en el rapto de las Sabinas
sin tiempo a despedidas

En las horas oscuras del Otoño
es este lamento que la gente confunde con lluvia
el que llena la bóveda toda

Esta es la Marea Superior,
la del cielo.

Luego está la Inferior,
o la de tierra.
Es el vaivén de las hojas doradas
casi casi como en unas orillas de olas amarillas
Derecha Izquierda Atrás Adelante

Un ocasional remolino en la danza

Y otra vez avanzar y retroceder
movimiento hacia  adelante
vuelta para atrás

Cangrejos amarillos del Otoño
Ballet de cáscaras de nueces

El silencio no existe







Saturday, 23 October 2010

Tomado de 'Todas las piedras' de Alejandro Jodorowsky

Durante mucho tiempo me fascinaron los Haiku japoneses, tres versos de cinco, siete y cinco sílabas. Principalmente Basho (1644-1694) con su
Furo-ike ya
kavazu tobi-komu
mizu-no-oto

Charco estancado
Veloz salta la rana
Ruido del agua.

Esta vasta extensión de aguas quietas, al parecer muertas, de pronto, por la inmersión brusca de un pequeño animal, cobra vida, aunque sea unos segundos. ¿Cómo no sentir la eternidad del universo, al parecer indiferente? ¿Cómo no identificarse con ese batracio que se lanza hacia tan inmensa realidad? ¿Cómo no ser reconfortado por la idea de que nuestra efímera presencia produce una conmoción que repercute hasta los confines del misterio?

Despuès de Basho, fue Buson (1716-1783)
Del viejo sauce
reflorecen las ramas
cuando huye el ladrón.

El árbol, despojado de sus flores, produce otras. Sabio, compartiendo, se enriquece. En verdad, lo único que poseemos es lo que somos. Nos pueden robar las obras, pero no el alma que las crea.

Tambièn Issa (1763-1826) me fascinó:
Moscas no lloren
asimismo los astros
son transitorios

En esta realidad donde el espectador y el espectáculo se van inexorablemente esfumando, es inútil lamentarse por el paso del tiempo. ¿Què diferencia puede haber entre un insecto que muere y un sol que tambièn muere? Con este poema, Issa trató de consolarse por el fallecimiento de su esposa.

Los Haiku, en un mínimo de palabras, encierran un inmenso contenido.

Entre los numerosos temas de este gènero de poesía destacan cinco: primavera, verano, otoño, invierno y año nuevo. Durante varias generaciones, los poetas japoneses se encerraron no sólo en una implacable mètrica, 5-7-5, sino tambièn en una estrecha relación con el paisaje y la vida cotidiana.

Quise ir hacia otra dimensión, me atrevo a llamarla metafísica, liberándome primero de contar las sílabas, para que las palabras se acortaran o alargaran cuanto quisieran. Y, segundo, permitiendo que mi poesía se abriera para dejar entrar en su misterioso seno a la filosofía. (...) Abatí los límites entre poemas y aforismos, para hacerlos progresivamente más compactos, hasta alcanzar la consistencia de un pedrusco.

Durante quinientos días, cada mañana, busquè escribir, con el mínimo de palabras, un sentimiento o un pensamiento que me ayudara a soportar mejor los embates de ese sueño implacable que llamamos realidad.
Sin estas exiguas líneas brillando sobre las tinieblas, no habría podido continuar viviendo.
De piedra en piedra, me fui forjando un camino en el pantano.
A.J.

Y yo publico ahora aquí algunos de estos pedruscos; para mi, para nadie, para todos.

9.
Cada palabra
es un dios
cuando enmudezco

17.
Vida tras vida
avanzo hacia el origen
Mi patria son mis zapatos

86.
Son estrellas
las palabras
que nadie pronuncia

143.
Oh el perfume
de la hierba!
¿Para què
pedirle flores?

172.
Voy
de mi silencio
a tu huracán
de ruiseñores

185.
Piensas una cosa
deseas otra
amas otra
haces otra cosa

190.
Un  viejo pasa junto a una escuela
donde canta un coro de niños
Un niño pasa junto a una escuela
donde canta un coro de viejos

236.
Lo que soy
aunque no lo quiera
lo serè siempre

237.
Lo que no soy
aunque lo quiera
nunca podrè serlo

257.
Ser el instante
no vivir en èl

262.
Un arpa mi cabeza
cuando el viento
agita sus cabellos

292.
La cruz del sacrificio
es tambièn el signo más

500.
Cuando soy lo que soy
aparece Dios en mi
No hay nada que me angustie más que un escarabajo boca arriba
tratando de enderezarse
y el pensamiento que nadie ni nada llegarán a tiempo para ayudarle a recobrar el suelo.
El pensamiento que en este instante muchos escarabajos morirán en el intento
cuando tan sólo bastaba que el cielo fuese un poco más verdadero para sostenerse
para aferrarse
para insistir.

La fragilidad de la vida es un absurdo.





















(foto de Emily Thorson)

Thursday, 14 October 2010

Oda a una estrella

 Pablo Neruda

ASOMANDO a la noche
en la terraza de un rascacielos altísimo y amargo
pude tocar la bóveda nocturna
y en un acto de amor extraordinario
me apoderé de una celeste estrella.

Negra estaba la noche
y yo me deslizaba
por la calle
con la estrella robada en el bolsillo.

De cristal tembloroso parecía
y era
de pronto
como si Ilevara
un paquete de hielo
o una espada de arcángel en el cinto.

La guardé temeroso
debajo de la cama
para que no la descubriera nadie,
pero su luz
atravesó primero
la lana del colchón,
luego las tejas,
el techo de mi casa.

Incómodos
se hicieron
para mí
los más privados menesteres.
Siempre con esa luz
de astral acetileno
que palpitaba como si quisiera
regresar a la noche, yo no podía
preocuparme de todos
mis deberes y así fue que olvidé pagar mis cuentas
y me quedé sin pan ni provisiones.

Mientras tanto, en la calle,
se amotinaban
transeúntes, mundanos
vendedores atraídos sin duda
por el fulgor insólito
que veían salir de mi ventana.

Entonces
recogí
otra vez mi estrella,
con cuidado la envolví en mi pañuelo
y enmascarado
entre la muchedumbre pude pasar sin ser reconocido.
Me dirigí al oeste,
al río Verde,
que allí bajo los sauces
es sereno.

Tomé la estrella de la noche fría
y suavemente
la eché sobre las aguas.

Y no me sorprendió
que se alejara
como un pez insoluble
moviendo
en la noche del río
su cuerpo de diamante

Friday, 8 October 2010

La paleta alucinada


Marianne North vivió en la Londres victoriana entre 1830 y 1890.  Fue una mujer que decidió hacer con su vida lo que realmente quería, pintar. Pintar y viajar. Trató de viajar cuanto más pudo para ver el mundo y abrazar la mayor cantidad de especímenes botánicos que lo poblaban entonces. Y a diferencia de otros antecesores o contemporáneos, ella no desarraigaba plantas o flores para llevárselos a casa, ella con su paleta los capturaba poniéndolos en papel. No dibujaba la flor o el árbol o la fruta aisladamente, dibujaba todo el ecosistema, observaba atentamente todo lo que estaba alrededor, con una precisión alucinada, como una fotografía. Y teniendo en cuenta justamente que la fotografía a color no existía entonces, su legado es valiosísimo también por esto, porque pudo recrear los rojos, los azules, los amarillos de especies que los británicos jamás habían visto en su vida.
El hecho que utilizara óleo en su obra y no acuarela también fue un gran acierto. La humedad del clima de la mayoría de los lugares donde pintó, habría sido desastrosa sobre pigmentos a base de agua, no así en el óleo, que logró preservarse en el papel brillante y perfecto a lo largo de las décadas.
Marianne tenía 40 años cuando comenzó a viajar. Su primer destino fue Norteamérica, de allí Jamaica, Brazil, Tenerife, Borneo, Japón, Singapore, Sri Lanka, India, Sur Africa. Bajo sugerencia de Darwin, se embarcó hacia Australia, Nueva Zelanda y Tazmania. Viajaba casi siempre sola, porque ella misma se definía 'un pájaro silvestre amante de la libertad'.
Os la imagináis sola tratando de comunicar con algún campesino japonés en 1875? Con sus baúles de madera llenos de pinceles y olorosos a aceite, en alguna maltrecha carreta, atravesando selvas en Borneo, o en Sri Lanka, con esas faldas largas, y zapatillas de señorita inglesa? Es alucinante.


 La galería que lleva su nombre en Kew Gardens (en la foto), financiada por ella y comisionada al arquitecto James Fergusson, se terminó de construir en 1882. Contiene 832 de sus pinturas. Muchas de las especies que pintó ya no existen.

Hansel y Gretel

.
Si Ud. pasa indiferente ante una rebanada de pan que descansa a las tres de la tarde sobre el cristal de un coche, Ud. ha perdido el asombro y la curiosidad por la vida. Ud. va demasiado deprisa. Los pensamientos que Ud. cree serios e importantes, le están robando el tiempo para las preguntas inútiles, que son valiosísimas para entender el funcionamiento de la realidad.




Así como el pan, dos patatas lisboetas esperan al borde de una ventana, un domingo por la tarde. Han sido olvidadas? Alguien planeaba hacer una tortilla con ellas hasta que sonó el timbre y entonces toda la historia cambió? Cayeron de alguna bolsa de la compra y fueron recogidas, y algún anónimo artista quiso componer con ellas una naturaleza muerta surrealista?
Nunca lo sabremos. La historia es la nuestra.

Thursday, 7 October 2010

Los bancos, las sillas y otras peculiaridades del mundo


Bancos silenciosos que meditan en medio de un jardín; bancos que contemplan el Támesis; bancos que esperan en las plazas las horas pico, las  horas de la abundancia; bancos de iglesia, envejecidos por tanto silencio, exasperados por la soledad, ansiosos por Domingos ajetreados; bancos de escuela, agobiados pero cargados de historia, tallados en sus superficies por toda clase de objetos, desde navajitas de boyscout a ganchitos de pelo, desde monedas a tijeras. Bancos que contienen testimonios de amor, bancos que llevan nombres de otros, de los que ya no viven. Bancos que en sí son poesía, porque presencian callados todos los amaneceres y atardeceres del mundo; y que democráticos abrazan a cualquiera que los necesite, sin hacer distinción.


Y el discreto encanto de las sillas? Sillas que sirven de mesa, de mesita de noche, de escritorio, de coffee-table, de silla en sí, claro, para sentarse en ellas; sillas que decoran; sillas que miran desde el balcón, disfrutando el atardecer; sillas que esperan, siempre, la llegada de alguien...
Sillas en los porches de las casas de pueblo, siempre testimonios de la vida toda; sillas pobres y sillas ricas; sillas rotas abandonadas, traicionadas, reemplazadas...


Y también las cosas que nos miran, desde cualquier lugar escondido o visible, nos miran. Una vez que se ha descubierto esa mirada, bien sea sombría o sonriente, no puede nunca más volver a mirarse el objeto inanimado sin ver también ese rostro.
La más grande de las alegrías es saber que no estamos solos en esta percepción, es saber que hay cientos como nosotros, que ven esas mismas miradas desperdigadas por las calles de la ciudad.


Wednesday, 6 October 2010

Objetos perdidos



















Así como la protagonista de "In search of a midnight kiss", yo también tengo algunas obsesiones, e historias -inconclusas- de objetos perdidos en la ciudad.
Hoy es un zapato, ayer era un cuaderno, mañana podría ser una silla.
Qué hace realmente un zapato abandonado boca abajo una mañana cualquiera en una calle residencial?
Separado de su par,  en qué se convierte?
A los ojos de casi todos es ya un desecho.
Aún cuando todavía en sí esté íntegro, completo,
y todavía con una dignidad de zapato que podría seguir ejerciendo la función por la cual fue creado, es ahora sólo algo que yace a un lado de la calle, y que eventualmente el barrendero recogerá.
¿Cuántos se preguntan a quién perteneció, y sobretodo, a dónde ha ido a parar su otro par? ¿Cuántos se preguntan cómo ha sucedido que un zapato cerrado y con trenzas, tan bien calzado una vez que el pie le ha dado significado, haya podido salirse del pie a quien pertenecía?
Y su dueño -porque seguramente tuvo un dueño en algún momento, cercano o lejano- recuerda lo sucedido? Recuerda su dueño la hora, el momento en que lo perdió?
Nuestro Tiempo se está convirtiendo en Prisa; y aún aquellos objetos que no han terminado de vivir completamente su vida, se ven reemplazados por otros, porque lo efímero lleva la batuta. Para aquellos perdidos, no hay tiempo para ser buscados y encontrados. Y para los nuevos, no hay tiempo de llegar al desgaste, no hay tiempo de llegar a viejos. A menos que se establezca realmente con el propietario una historia de amor de las buenas. De las verdaderas. De estas aún se generan algunas, afortunadamente.
Agradecemos -nosotros y los objetos- el retorno del modo 'vintage', para suerte de todos aquellos objetos con pasado.
Cada objeto que yace abandonado, espera la historia que le pertenece, espera que su historia lo recobre, lo cuente, porque las cosas también tienen una vida y una función, y por ende un alma y una manera.
En la edad de la prisa, eso casi nunca ocurre.
Cuando veáis un zapato abandonado, un cuaderno o una silla, por favor, no dejéis de imaginaros una historia, aunque sean miles las posibles.
Ellos os estarán agradecidos.